Belleza

¿Qué talla soy? Engaños y frustraciones

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El tema de las tallas es algo constante en los medios. Que las modelos muy flacas no podrán desfilar en Francia, que las tallas grandes están de moda, que las chicas plus size son bonitas, pero que también promueven una realidad insana y otros tópicos se me aparecen diariamente en redes sociales y televisión. La última gran controversia que me llamó la atención fue hace un rato, pero sigo pensando en ella… cuando la comediante estadounidense Amy Schumer se enojó porque la habían catalogado como plus size y se indignó, diciendo que ella no era, porque “aunque no tiene nada de malo”, las plus size eran tallas sobre 14 en EE.UU. y ella usa ropa 6 y a veces 8. Finalmente, lo que quería decir es que en los medios se le cataloga como talla grande a cualquiera que no sea talla 0-2.

Lo leí y… me pasaron cosas. Primero, pensé en mí y me comparé con Schumer; debemos tener un cuerpo “parecido”, no gorda, pero claramente no flaca. Pensé en que yo uso talla 42 de pantalón (12 EE.UU.), por lo que difícilmente es 8. Rápidamente, si ella mide 1.70 y pesa 70 kilos, es casi igual a mí (seguramente con más masa muscular), y no puede ser la talla que dice que es. Ojo, que aquí el problema no es que sea una o dos tallas más grande, el problema es que se siente ofendida (aunque sea “de broma”) porque le dicen que es talla grande. No lo es, ella lo sabe, pero no debería importarle tanto, ni a ella ni a nosotros. Y eso sólo me hace pensar en que a ella también le da (o daría) vergüenza ser plus size y por más que diga que está bien, que es normal, ella no quiere serlo ni parecerlo.

Segundo, ¿todo tiene un lado positivo? Me llamó la atención las ganas de hablar de la talla intermedia, la talla “promedio”, esa que existe en todos lados y que no es para las flacas ni para las gordas. Esa talla M que a veces es L, e incluso XL, dependiendo de la marca. Y entre esas mujeres hay de todo, está Amy, que se ve ancha en algunas cosas, pero en general muy guapa; está Mindy Kaling, que es un poco más grande; también Lena Dunham, que tiene las caderas y muslos más grandes, pero no es gorda. Esas son las típicas, pero también está Kate Winslet, estupendísima, o Christina Hendricks, casi un símbolo sexual. Realmente creo que todas son un ejemplo. Todas se ven (o se han visto) espectaculares en la alfombra roja y en su vida diaria, cada una en su estilo.

Tercero, por favor, terminemos con la obsesión por la talla. Cuando te ofendes y haces un descargo público porque dijeron que eres plus size (ojo, en una publicación que alababa lo mina que eres y lo bien que te arreglas), entonces la conversación se desvía. Pasamos de “todos los cuerpos son bellos” a “todos los cuerpos son bellos, pero yo no soy de los grandes”, que es algo como decir que no te importa la gente gay o extranjera, siempre que no te confundan con uno. ¿Qué hay de malo? Es una confusión, no una acusación. Vi que algunos medios trataron de transformarlo en algo positivo, como lo puse más arriba, pero la mayoría se colgó de la equivocación y la polémica.

Entonces… ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo? La talla no es tan importante como verse bien y sentirse cómoda. Y si necesitamos algo gráfico, en Buzzfeed hicieron un video en donde 3 mujeres dejaron que les compraran ropa sin ver la talla. Se atrevieron a vestirse con ropa que antes no habrían comprado, de pura vergüenza, y eso que nadie ve la talla cuando tienes la ropa puesta. Se sintieron bien y hermosas con ropa que antes no se habrían ni probado sólo por ser más grande que las que ellas generalmente usaban. O sea, si nos liberamos de la presión que nos autoimponemos a través de las tallas podemos sentirnos y vernos bien. Conozco a algunas mujeres que lo han hecho, y son felices. No son gordas, no son descuidadas de su salud ni de su cuerpo, no son raras. Son lindas, están a gusto y se ven bien. Igual que Christina Hendricks, igual que Kate Winslet, igual que Adele y que Mindy Kaling. Seamos así. Esa es la meta.

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Javiera Muñoz

Me llamo Javiera, me pagan por escribir y eso está bien. Tuve la suerte de hacer radio mucho tiempo (en Play Fm, si les parece importante) y, aunque tal vez obvio, no puedo vivir sin música. Pero también me parece vital el pan con queso y una buena serie. Siempre estoy dispuesta a leer o escuchar historias interesantes, noticiosas, científicas, extrañas, feministas, de justicia social, y mil temas más. Amo a mi mascota.

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