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“Cómo organicé mi matrimonio con técnicas de desarrollo de software” #Nerdlife

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No he ido a muchos matrimonios en mi vida (tengo amigas que tienen uno o dos por fin de semana), pero sí puedo decir que a fines del año pasado me tocó ir a uno de los más lindos. Puede que sea un poco cercano, porque era el matrimonio de dos grandes amigos/compadres, pero fue una fiesta increíble, no porque fuera una mega-producción con DJ y cotillón (por suerte, no había), sino porque se notaba que estaba hecho con amor. La Mariana y Gonzalo, los novios, se preocuparon de todos los detalles, y lograron que todos los invitados se involucraran en el proceso. Desde prestar cojines, hasta hacer las flores (esa fui yo :D) y los quequitos de zanahoria para después de la comida (inolvidables), todo fue un trabajo colaborativo, y se notó. Le preguntamos a la Mariana cómo lo había logrado, y nos contó su método, ultra nerd y efectivo. Aquí, su historia.


Con 13 meses de anticipación, con Gonzalo decidimos casarnos en noviembre de 2016. Esta es la historia de cómo nos organizamos los últimos 4.

Desde el momento en que comenzamos a pensar en el matrimonio, yo sabía que había 3 cosas importantes y a la vez urgentes: el lugar, el fotógrafo y la comida. Pensábamos que con esas 3 cosas podíamos armar una fiesta para el recuerdo. El resto era “accesorio”. Música de una lista de Spotify era una posibilidad. Pedirle a los invitados que llevaran su copete, también.

Cuando tuvimos esas 3 cosas seguras, descansamos unos buenos meses de la organización del matrimonio. Sabíamos que teníamos que cotizar una carpa por si llegaba a llover en noviembre, pero no sacábamos nada con cotizarla en abril, ¿verdad? Sabíamos que recibiríamos unos corderos de regalo para comer en la fiesta, pero tampoco podíamos decidir cómo lo íbamos a hacer en junio, ¿cierto?

Cuando empezó el segundo semestre del año, nos pusimos las pilas. Acompañados por una botella de vino un viernes por la noche, le propuse a Gonzalo hacer un brainstorming de todas las cosas que nos quedaban por hacer. Daba lo mismo el orden, la importancia o el cuándo debíamos realizar ese pendiente, lo importante era acordarnos de la mayor cantidad de cosas posibles. Además, si una cosa implicaba más de una actividad, debíamos dividirla en todas las tareas que dependieran de ella. Por ejemplo, los corderos incluían: 1) coordinar la entrega 2) refrigerarlos 3) trasladarlos y 4) conseguir a alguien que los cocinara.

A estas tareas comunes le sumamos también los pendientes de cada uno como novios. Yo tenía que programar si iba a comprarme zapatos y cuándo hacerme una limpieza facial. Y Gonzalo tenía que saber cuándo era mejor ir a cortarse el pelo o comprar su traje.

Luego de reunir muchos post-its, los dividimos por prioridades. ¿Qué tareas eran necesarias lograr en agosto para avanzar en septiembre? Sabíamos que había cosas que realmente se habrían podido hacer encima de la fecha del matrimonio, pero la idea era no estar haciendo todo en octubre o incluso en noviembre.

Finalmente ordenamos todas las tareas por mes, comenzando en agosto. En una pared de la oficina de Gonzalo pegamos todos los papeles de agosto, septiembre y octubre. Noviembre no nos interesó porque eran cosas que realmente no nos importaban todavía (no había mucho que pudiésemos hacer con un post-it que dijera “Pagar DJ” o “Coordinar llegada de los muebles”), y ademas generábamos una pared más limpia y abarcable.

Durante los meses que siguieron, cada vez que avanzábamos con algo, lo sacábamos de la pared y veíamos el avance. A veces sumamos más tareas chicas, pero en general, nos sirvió mucho para dimensionar la cantidad de cosas que nos quedaban por hacer.

Esta técnica claramente no se me ocurrió a mí. Aunque nunca la he aplicado en mi vida laboral, sé que es un artefacto importante de la metodología ágil Scrum, llamada “backlog”, en la que un equipo de desarrollo se reúne a conversar qué tareas implica hacer un proyecto o parte de él. En esta fase también se pueden estimar las horas que toma cada tarea y cómo debería abordarse cada ítem.

A nosotros nos funcionó súper bien. Es una técnica muy visual que me bajó la ansiedad de los pendientes que estaban en mi cabeza, pero no “veía”. Ya estaba chata de hacer listas con cosas que se me ocurrían mientras caminaba a mi casa o navegaba por Pinterest. Lo otro bueno fue que realmente convirtió la planificación del matrimonio en un trabajo en equipo; Gonzalo y yo armamos los pendientes juntos y juntos logramos avanzar. Tan nerd como romántico (that’s my motto).

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Valentina de Aguirre

Soy periodista y lo que más me gusta es escribir y conversar. No necesariamente en ese orden. Trabajo en la revista ED y me encanta escuchar y leer conversaciones ajenas (nunca se sienten al lado mío en la micro); tengo dos hijas chicas y soy adicta a Instagram y a los blogs gringos. Siempre estoy inventando nuevos proyectos; Granada es uno de ellos.

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